Un pantano con poca agua representa la sequía que se vive

La lluvia ha sido objeto de veneraciones por la gente que ha trabajado el campo desde tiempos inmemoriables. Y no solo eso. Sino que hoy en día, en un mercado eléctrico con años de trayectoria, la lluvia sigue siendo un elemento imprescindible en nuestra sociedad.

La escasez de lluvias en nuestro país es una constante en los meses de más calor. Su impacto en el mercado eléctrico es devastador, con graves consecuencias. Como la subida del precio de la luz.

Así, tanto negocios como particulares temen que la sequía pueda afectar a las tarifas luz empresa o a las tarifas luz hogar. ¿Cómo aplacar el daño de la carencia de lluvia en el mercado eléctrico?

Sube el precio de la luz: una de las consecuencias de la sequía

Una de las mayores preocupaciones para las empresas e industrias que más electricidad consumen es la evolución del precio de la luz en España. Su variabilidad constituye una amenaza para sus expectativas de ahorro energético mensual.

Y el pasado verano no ha arrojado buenas noticias en el sector. De hecho, se puede afirmar que la producción de energía hidroeléctrica se encuentra en “caída libre” por la falta de agua.

De esta forma, la producción de energía hidráulica ha sufrido un gran descenso. Y la demanda se ha tenido que abastecer usando fuentes primarias mucho más caras, como el carbón y el gas.

Según el informe de la Red Eléctrica Española, el precio medio del mercado de la luz diario fue de 47,46 € por megavatio hora el pasado agosto. Una cifra un 15,3% más cara que en agosto del año pasado.  

Esta es la realidad: los embalses poseen menos de su tercera parte de su capacidad de agua. Por lo tanto, no es extraño que mientras que en los primeros siete meses del año pasado se produjeron 25.562 GWh a partir de energía hidráulica, este año apenas se hayan generado 13.806 GWh en el mismo periodo.

Sequía y fomento de las renovables: una combinación imposible

La sequía no es solo enemiga del ahorro energético, sino que también lo es del medio ambiente. La escasez de lluvia provoca que no se pueda generar tanta energía hidráulica como se desearía, y las industrias deben recurrir a un plan B.

Y esta alternativa no es otra que compensar la imposibilidad de producir energía hidráulica con el uso del carbón y el gas como fuentes energéticas. Estas materias, catalogadas como fuentes no renovables y altamente contaminantes, han provocado que las emisiones de CO2 se multipliquen.

Si se toma conciencia de que el sector eléctrico emite una quinta parte del total de estas emisiones, se puede calcular el daño medioambiental del uso del carbón y gas como fuentes de energía.

Los datos oficiales que ponen de manifiesto la gravedad del asunto no se han hecho esperar: desde enero del 2017 hasta agosto, los niveles de polución se incrementaron un 36% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Una cifra preocupante que pone sobre la mesa el problema de escasez de lluvias en España.

En este sentido, las comercializadoras eléctricas se alzan como uno de los principales actores involucrados en la lucha por el cambio climático. La apuesta por las energías renovables es el punto de partida para establecer un modelo energético sostenible.

Así, queda de manifiesto la necesidad de avanzar en fórmulas que contrarresten la imposibilidad de producción de energía hidráulica, a causa de la sequía. Un reto ambicioso que ayudará a avanzar en modelos de eficiencia energética.

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